martes, 18 de noviembre de 2008

II

Otoño de mis noches
Pequeño, irrelevante tesoro,
Lanzé cada uno de tus rozes
A eso que llaman olvido.

Palabras, melodías inacabadas,
Violines resonando en la alcoba
Tus lágrimas, ah,
Diamantes de mis pestañas.

El ojal de mi barriga
Me habla cuando no nos miras.
Recuerda cada una de tus arrugas,
Esas que mi mente todavía pinta.

No hay lámpara que ilumine
Como todas las velas de tus ojos.
Tu presencia contaminente,
Cual viejo y molido olmo.

Ves pasar amaneceres,
Desde esa ventana marchita.
Contamplando cada juicio,
Incluyendo a aquél que decapita.

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