sábado 2 de enero de 2010

Nuit Blanche

Sabes amor, hace tiempo que dejaste de mirarme y yo hace tiempo que dejé de buscarte; de mutuo acuerdo nos matamos. Locura transitoria a cambio; todavía intento curarme, pero parece que el tiempo no pone de su parte.
No sé porqué pero, parece que tu piel dejó de preocuparme. Ya no necesito llorar hasta dormirme, ahora duermo para no llorarme hasta morir.
A ratos no me pienso, y es cuando vuelves a mi, como una abeja al nido, como los peces al río, y se me escapan palabras sin sentido.
Dejo de pensarme en las noche con frío, cuando mi cuerpo no se siente humano, cuando mis uñas cristalizan en silencio.
Dime amor, ¿sigues sintiendo lo mismo?
Porque mi vida volvió a tener sentido cuando dejé de vivirla contigo.

domingo 25 de octubre de 2009

Poke Yourself

Tenía una entrada a medio escribir sobre traumas, heridas y parches y de pronto he pensado "¡a tomar viento!"
El otro día me tiré 2 horas hablando con un amigo por teléfono. Fuera deluviaba y en casa diluviaban carcajadas. Salimos a la ventana por si seguía lloviendo. En realidad ya había parado, el cielo era una gran naranja y de fondo...

Photobucket

Fue un día redondo, a pesar de toda la mañana en casa estando pachuchilla.

lunes 12 de octubre de 2009

Trouble in Paradise

Hoy me he levantado sabiendo que debería haberme quedado en la cama. Y no, no he cogido Gripe A. Debía haberme quedado cual avestruz con la cabeza bajo la almohada, y que el día transcurriese sin mi presencia y sin presencias.
He estado viendo una película de lo más simplona en el sofá junto a mi padre, y me he convertido en la Fontana de Trevi. Me he pasado todo el rato llorando.
Creo que mi consciente está empezando a explotar, está gritando de dolor, se siente ignorado, y no le culpo. Prefiero pensar que no está ahí cual Pepito Grillo recordándome que soy humana y que las cicatrices se intuyen.
Y mientras tanto siguen sonando en la gramola canciones que chirrían y letras con las que no me identifico. Y de pronto el ennubilamiento desaparece y una estrofa te atreviesa como flecha de ballesta.
"I got a feeling..."

Alejaos de mi que suspiro a cada segundo y quizás tengáis que andaros con bombona de oxígeno.
Quizás necesito distanciar, o exponer lo que sucede, que ya va siendo hora.

domingo 20 de septiembre de 2009

Obsesiones

Con la preparación del cosplay de este año para el Salón del Manga me he dado cuenta de algo: tengo una manía persecutoria con los nombres que empiezan por "A"
No es algo que me preocupe, es simplemente que hasta hace unos días, no me había dado cuenta.
Mi nombre real empieza por "A", no es un nombre que me desagrade, pero tampoco es para tirar cohetes. Yo creo que la búsqueda por un nombre que me guste, ha hecho que sólo me fije en aquellos que empiezan con esa vocal.
Mis personajes más significativos empizan por "A": Aphonie, Aimée, Aroniel, Adalart, Aixander. Todos, absolutamente todos los personajes que adoro, empiezan por la letra maldita.

Mi nombre siempre me ha parecido simple, sin entresijos, claro y vano. Pronunciado se queda corto y compuesto junto a otro, es de risa. Siempre me ha dado la sensación de que no era un nombre para mi, quizás porque cuando mis padres pensaron nombres para mi, el definitivo jamás estubo en la lista.
Iba a llamarme Victoria, Camino, Maria José, pero no, Anna.

El otro día hablando con una amiga por teléfono, caímos en la cuenta de que las mujeres vivimos en un eterno "jijiji" con los hombres. Lo cierto es que vivo en esa absurda situación desde hace muchos meses. El "jijiji" ha ido evolucionando y los sentimitos me salen a borbotones por la boca, el corazón está apunto de explotarme y como como un pajarito, he perdido peso y dicen que tengo el guapo subido. No, no pronunciéis ese verbo maldito, lo suplico.

Sólo algo ha cambiado en mi y es que siento que ahora mi nombre es mío. Suena precioso cuando lo pronuncian, me identifico con esas cuatro letras porque para alguien, soy Anna. Y para mí, ahora también soy Anna.

Vueltas da la vida querida, pero al final, conseguimos ser siempre nosotros mismos.

miércoles 16 de septiembre de 2009

Redes, miedos.

Tras unos días intensivos de fiestas, tiempo fuera de casa, Sexo en Nueva York y antibióticos, me he dado cuenta de que es hora de reflexionar un poco.
Quizás la dosis de medicamentos esté logrando en mi unos "efectos secundarios" de vocanadas de realidad, y no, no me gustan.
Se supone que tenía una semana de vacaciones que iba a aprovechar para hacer nada y el cosplay, y estoy con pañuelos y para colmo me han llamado para ir a trabajar. Y lo curioso es que me quejo, pero me quejo porque los humanos nos quejamos por todo.

La felicidad son instantes, no estás feliz las 24 horas del día, sino que la saboreas en pequeñas dosis, igual que la infelicidad; no estás nunca infeliz al 100%, siempre hay pequeñas trazas de felicidad que te sacan una sonrisa incluso a las 3 de la mañana.
Parece que el ser humano está avocado a la infelicidad y a la dicha a partes iguales. Nuestro estado de ánimo determina la intensidad con la que vivimos esas pinceladas, que hacen de nuestra vida una taza de café o un resaca del quince. Es como cuando alguien te dice "tengo una buena noticia y una mala, cuál quieres primero?"
Una cubrirá a la otra por un pequeño periodo de tiempo, pero ambas confrontaran durante el resto de jornada, sin poder olvidarlas a corto plazo. Y digo a corto plazo porque otras noticias harán de aquella infelicidad una carcajada y el histerismo atacará de nuevo en pocos días.

Ese histerimo que hace que una situación se vuelva del todo absurda. Y nos suele gustar ese absurdismo hasta que lo decimos en alto y nos parece que estamos más pirados de lo que creíamos. ¿De ese modo queremos ver la vida? ¿Cómo constantes momentos absurdos? ¿No deberíamos tomar las riendas de nuestro carruaje y decidir dónde ponemos el final de nuestra histeria?
Lo curioso es que, sino sabemos que hay una red bajo nuestros pies, no nos soltamos de la barra. Y podemos estar eternamente balanceándonos aunque se nos cansen los brazos, porque sabemos que no dolerá tanto como el golpe final.

El miedo y la cobardía están atados a mi con candados, y creo que por eso me obsesionan tanto. Muchas veces me sobrepongo a esta situación que me rodea, intento pensar en lo que yo realmente quiero, porque a veces pensando en el bienestar de los que amamos, se nos olvida el nuestro. Pero entonces que debemos hacer, vivir en un "fifthy-fifthy" continuamente? ¿Hay realmente una solución para todo tipo de situaciones? Y lo que es es peor, podemos encontrar esas respuestas?

Yo por lo pronto, dejaré de pensar durante unos instantes, bueno almenos hasta el viernes.

domingo 5 de julio de 2009

Desenfocadus Aeternus

Ayer fue una noche, un tanto extraña, y parece que se ha convertido como en un ritual cuando nos juntamos. Todo igual y distinto, absurdo pero premeditado.
Estaba disfrutando del espectáculo de la Font Mágica de Montjuïc, cuando un amigo me dijo: "No saques las fotos movidas ni desenfocadas, siempre te salen movidas o desenfocadas"
Al momento me hizo gracia, como siempre, me reí, miradita, jijiji, y a disfrutar otra vez del espectáculo, que culminó para más INRI con "Oh Fortuna" de Carmina Burana. En el "Mecum Omnes Plangite" yo creía que me fundía con aquellas gotitas desperdigadas y volátiles. Bueno al tema que me voy por los pinos hipoalergénicos.

La cosa es que dándole vueltas al tema de las fotos, tenía toda la razón del mundo. Me dí cuenta al final de la noche, cuando me pidió que sacase una foto al gran proyector que era la fachada del Estadio Lluís Companys, para mantener el momento de bailecitos sin sentido en la memoria, me imagino vaya, yo a los hombres sabéis que sigo sin entenderlos.
Pues me dispuse a sacar la foto y adivinar qué...sí, movida. Y lo curioso es que, cuando me fijo en la pantalla de la cámara de fotos, es como si la realidad y lo que allí se plasman, fuesen dos escenarios distintos. Llenos de magia caduca y felicidad cristalizada.
Es la realidad distorsionada, aquella que se enfunda en psicodelia y desenfreno, la que excita todos nuestros sentidos, la que nos eriza el bello.
Esa es a realidad que apesar de todo, hace sentirme humana, porque de qué sirve reflejar en una foto lo que todos ven?

lunes 29 de junio de 2009

Muros

Creo que mi inspiración se fue con el frío, llamarme loca, pero lo creo de verdad. El verano ha traido una especie de felicidad extraña y pletórica y se ha llevado mi inspiración. Sólo escribo sobre estupideces, boberías y ñoñerías.
Creo que estamos todos de acuerdo si grito: ¡Qué vuelvan las gorgonas!
No es que esté pidiendo que las desgracias llamen a mi puerta, no eso tampoco, sólo pido que Henry (como dice Castor) me pinche un poco y si alguien viene a rescatarme, es que vamos muy mal. Siempre he querido rescatar yo, por eso de que tengo un serio complejo de principe y bueno, locuras varias que a estas alturas mis amigos conocen.

Quizás sea el estres de los exámanes, y que no estoy acostumbrada a ciertas cosas, entonces pues mi mente se colapsa y me dice "Ya hay suficiente azúcar, vamos a sufrir un paro cardíaco, lo sabes" Quizás sea que el otro día cuestionaron si tenía algún tipo de desorden alimenticio, por aquello de perder quilos. Quizás sea porque desde hace unos meses vivo en una especie de burbuja rosa, que X ya se ha cuidado que otros no vean y que parezca una loca paranoica.

Quizás es que necesito seriamente unas vacaciones y alcochol en vena. Yo ya no sé lo que necesito, sólo sé que el frío se ha llevado todo mi sentido común.
Ay, ay, mami yo no sé lo que tiene el negro, aunque no es negro exactamente, sólo el futuro muy negro.

Y en estos momentos no puedo dejar escapar la canción "El rondo del amor y la muerte" Canción y lema del musical Elisabeth. Pues así es mi vida personal desde hace unos meses y además en serio. Yo creo que me deben haber visto cara de desnutrida en alguna parte, y deben haber pensado, vamos a darle caña a esta niña a ver si le explota el corazón o los sesos por la boca y reacciona o se nos colapsa.

Señores hagan sus apuestas porque el día menos pensado monto el show de mi vida y para colmo, me lucro con ello.

Y mientras tanto vienen un montón de cuervos aletargados y me piden permiso para arrancarme las plumas, sí, lo que ois. Y yo que me lo pienso y les pido por escrito que firmen un acuerdo para que no me arranquen los ojos, que a mi me gusta contemplar las cosas bonitas, y me dicen que eso nunca, que entonces no podría contemplarlos a ellos. Qué gran verdad.

Mi nueva falda. Para seguir con las obsesiones y atarme los nudos al pelo, que parece que así, te devoran menos.
Photobucket