lunes, 29 de diciembre de 2008

Teorizando

Ahí donde brilla el Sol, ahí donde perecen las almas, justo ahí te encuentras mi amada. Confidente de todas mis penas, de mis verdades más dolorosas, de todas mis espinas sin rosas. Que no hay día que no te encuentre, que no hay día que no te cante, que eres mi razón de ser, mi espada en el armadura, la escarcha de mi corazón. Eres, más que nunca, existes, ahora y siempre. Si te alejas, yo me alejo, si te caes, yo me caigo, si te mueres yo lo hago. Eres mi yo, mi alma dividida, mis padrastros en los dedos.

Mírame sin sonrojarte, cuán hermosa es la mañana si te encuentras a ti misma. En cada resquicio de soledad encuentras la felicidad, en cada arruga de tus dedos, la espuma del mar. Y cada instante el último, y cada paso un vals. Mis dedos perfilan cada atardecer esa melodía espasmódica que espero que un día un pianista toque, que bailen, que la canten, amada. Mis tacones, mis pestañas, confidentes, periodistas de mis noches, de mis palmas.

¿Hace falta que lo explique? ¿Merece la pena que lo narre? Parece que entonces deja de ser mío, que me roban a pedazos, que me rompen como un jarrón. Y entonces sucede, dejas de estar, de ser. Mi voz repicante no puede llegar a contártelo. Tienes que ser, tienes que ver, así existes, así existo. Con el tiempo he llegado a comprenderme y no hay laberinto sin salida porque simplemente no hay dédalo en este paraíso. Culmina cada encaje de tu alma, borda cada detalle en tu corazón, así es como llegas a entenderlo, como llegas a adivinarte.

Adivinarte, ah, todavía no lo he conseguido amada, tinieblas de mis solsticios, luz de mi abadía. Yo no soy como ellas, no, soy un individuo, un ejemplo de lo que ahí bulle. No nos agrupes, no somos abejas de un mismo panal, simplemente poetas de un mismo tiempo. Cada uno es poeta solitario. Ideas parodiadas, esas son para los amantes.

Y tú y yo dejamos de serlo hace tiempo amor. Sólo somos un único yo.

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